George Scarborough fue vaquero, sheriff y agente federal. Pero también ejerció una de las especialidades más desconocidas de nuestra profesión: detective de ganado.
La primera vez que leí que George Scarborough había trabajado como stock detective tuve que volver sobre la frase.
Conocía detectives de seguros, investigadores financieros, especialistas en infidelidades y detectives de hoteles. Pero nunca había oído hablar de un detective de ganado.
Y no, no investigaba a las vacas.
Investigaba a quienes las hacían desaparecer.
Cuando una vaca era una fortuna
En el oeste de Estados Unidos del siglo XIX, robar ganado no era una travesura pintoresca protagonizada por vaqueros de película.
Era un delito capaz de arruinar a un pequeño propietario o provocar pérdidas enormes a un gran rancho.
Miles de cabezas de ganado recorrían largas distancias, cambiaban de propietario, eran vendidas en mercados alejados y viajaban en tren hasta otras regiones. En ese inmenso territorio, distinguir un animal robado podía convertirse en una investigación extraordinariamente complicada.
No existían bases de datos, cámaras de seguridad, teléfonos móviles ni sistemas de geolocalización.
El investigador tenía que estudiar las marcas grabadas sobre la piel de los animales, seguir huellas, reconstruir rutas, visitar ranchos, hablar con vaqueros, controlar estaciones ferroviarias y comprobar dónde había sido vendido el ganado.
A veces los ladrones modificaban las marcas originales para ocultar su procedencia. Por eso, el detective debía conocer los diferentes hierros y saber identificar una señal que hubiera sido alterada.
Las asociaciones ganaderas comenzaron a contratar investigadores para proteger los intereses de sus miembros. Algunos eran destinados a caminos utilizados para trasladar reses, estaciones de embarque y grandes mercados. También podían recuperar animales extraviados, investigar su venta y reunir pruebas para una posible acusación.
Dentro de aquel mundo apareció George Adolphus Scarborough.
De vaquero a detective
Scarborough nació el 2 de octubre de 1859 en Natchitoches Parish, Luisiana. Su familia se trasladó posteriormente a Texas, donde comenzó a trabajar como vaquero siendo todavía muy joven.
Conocía los caballos, los ranchos, los caminos y el comportamiento de los hombres que vivían del ganado.
Ese conocimiento sería una herramienta de investigación.
En 1884 fue elegido sheriff del condado de Jones, en Texas. Tras abandonar el cargo, trabajó como detective de ganado hasta que en 1893 fue nombrado deputy United States marshal.
Una reseña de la biografía escrita por Robert K. DeArment lo identifica expresamente como detective privado para una asociación de ganaderos de Nuevo México durante la década de 1890.
Scarborough no era, por tanto, únicamente un representante de la ley.
Durante una etapa de su vida, sus servicios fueron contratados por intereses privados para perseguir el robo de ganado.
Una profesión entre dos mundos
La carrera de Scarborough muestra lo difícil que resulta separar la investigación privada de la función policial en la frontera estadounidense.
Podía trabajar para una asociación ganadera y, al mismo tiempo, disponer de algún nombramiento como ayudante del sheriff o agente territorial.
Era investigador privado, representante ocasional de la autoridad y hombre armado.
Todo a la vez.
Aquellos detectives no deben confundirse con los profesionales actuales. Actuaban en una sociedad violenta, con instituciones débiles y enormes territorios donde la respuesta policial podía encontrarse a muchas horas —o incluso días— de distancia.
Algunos defendían legítimamente a propietarios que sufrían continuos robos. Otros terminaron sirviendo como fuerzas privadas al servicio de grandes ganaderos en sus enfrentamientos con pequeños rancheros, colonos o competidores.
La placa, el contrato privado y el revólver podían encontrarse peligrosamente cerca.
La propia trayectoria de Scarborough estuvo marcada por la violencia. Participó en la muerte de varios hombres, fue juzgado y absuelto, y terminó obligado a abandonar su cargo como marshal después de matar al pistolero John Selman en El Paso.
Más tarde se instaló en Nuevo México, donde volvió a trabajar como detective de ganado mientras desempeñaba otras funciones relacionadas con la autoridad.
En 1900, durante un enfrentamiento con presuntos cuatreros cerca de San Simon, Arizona, recibió una herida de bala. Fue trasladado a su casa de Deming, donde murió el 6 de abril de 1900.
Tenía cuarenta años.
El delito que todavía existe
La investigación del robo de ganado puede parecer una profesión desaparecida, pero el problema continúa existiendo.
Los investigadores actuales cuentan con registros informatizados, documentación de transporte, análisis genéticos, cámaras y controles sanitarios. Sin embargo, las marcas de propiedad, los movimientos de los animales y la información proporcionada por ganaderos y comerciantes siguen siendo fundamentales.
Han cambiado las herramientas.
No ha cambiado la necesidad de reconstruir el recorrido de aquello que ha desaparecido.
George Scarborough fue sheriff, agente federal, vaquero y detective privado. Su historia nos recuerda que nuestra profesión siempre ha sabido adaptarse al lugar, al momento y al tipo de delito que debía investigar.
Algunos detectives siguieron cartas.
Otros, trenes o personas desaparecidas.
Scarborough seguía huellas sobre la tierra.
Sus pruebas tenían cuernos, llevaban una marca grabada sobre la piel y podían marcharse antes de que él consiguiera encontrarlas.








