Una fotografía del 3 de octubre de 1862 reunió a Abraham Lincoln y Allan Pinkerton. Detrás de ella había ferrocarriles, espionaje y un supuesto complot para asesinar al presidente.
Hay fotografías cuyo verdadero significado no se encuentra solamente en lo que muestran, sino en todo lo sucedido antes de que alguien accionara la cámara.
Esta fue tomada por Alexander Gardner en Antietam, Maryland, el 3 de octubre de 1862.
En el centro aparece Abraham Lincoln. A su derecha está el general John A. McClernand. El hombre de menor estatura situado a su izquierda, vestido de civil y apoyado en una vara, es Allan Pinkerton, fundador de la agencia de detectives más famosa de Estados Unidos.
La relación entre Lincoln y Pinkerton había comenzado años antes.
Antes de convertirse en presidente, Lincoln ejerció como abogado y trabajó como corresponsal de The Mercantile Agency, una empresa precursora de Dun & Bradstreet. Proporcionaba información sobre la reputación y solvencia de comerciantes de Springfield: una temprana forma de investigación comercial.
Lincoln también representó a compañías ferroviarias, entre ellas Illinois Central.
En 1855, cinco grandes ferrocarriles contrataron a Pinkerton para establecer un servicio privado dedicado a investigar robos, sabotajes y asaltos. Según la documentación histórica de la agencia, Lincoln fue el abogado encargado de redactar aquel contrato.
Los ferrocarriles volverían a unirlos.
En 1861, Samuel Felton, presidente de la Philadelphia, Wilmington and Baltimore Railroad, contrató a Pinkerton para investigar posibles sabotajes. Durante aquellas pesquisas, sus agentes obtuvieron información sobre un supuesto plan para asesinar al presidente electo cuando atravesara Baltimore camino de Washington.
Entre los detectives infiltrados se encontraba Kate Warne, considerada la primera mujer detective de Estados Unidos. Presentándose como simpatizante sureña, consiguió entrar en círculos sociales difícilmente accesibles para los agentes masculinos.
La existencia y el alcance del complot continúan siendo discutidos por los historiadores. Pinkerton pudo interpretar rumores y amenazas como un plan más organizado de lo que realmente era.
Sin embargo, convenció a Lincoln para modificar su itinerario. Durante la noche del 22 de febrero de 1861, el futuro presidente atravesó Baltimore acompañado por Pinkerton y Warne, llegando a Washington a la mañana siguiente.
La tradición sostiene que Kate permaneció despierta durante todo el viaje y relaciona aquella vigilancia con el lema de Pinkerton, “We Never Sleep”. Es una historia magnífica, aunque no está demostrado que ese fuera realmente el origen del eslogan.
Cuando comenzó la Guerra Civil, Pinkerton organizó operaciones de inteligencia para el general George B. McClellan. Bajo el nombre de Major E. J. Allen, dirigió agentes infiltrados, interrogó prisioneros y reunió información sobre el ejército confederado. También cometió errores: exageró repetidamente el número de soldados enemigos, reforzando la excesiva prudencia de McClellan.
Ese es el verdadero contexto de la fotografía.
Pinkerton no aparece como guardaespaldas ni realizando una investigación privada. Era el responsable de inteligencia de McClellan.
Tres años después, otro complot lograría acabar con la vida de Lincoln. Pero aquel 3 de octubre de 1862 todavía estaba frente a la cámara.
A su lado permanecía el detective que había investigado para los ferrocarriles, organizado su viaje secreto y contribuido a que llegara vivo a Washington.
Gardner retrató a tres hombres, pero también dejó capturada para siempre la extraordinaria relación entre Abraham Lincoln y la investigación privada.









